Veracruz: Un regalo con leyenda perfumada
Publicado en: Feb/2010, por: Aventura Americana

souvenir-4Detrás de una hermosa cruz de madera con vainas de vainilla entretejidas, hermosa artesanía típica de Papantla, que gentilmente nos obsequiara el Director de Turismo, el Lic. Juan Carlos Domínguez, se encontraba escrita la leyenda de la vainilla.

“Los totonacas emigraron de Teotihuacán y se asentaron en las costas de Veracruz. Allí construyeron el reino de Totonacapan. Los jefes de aquel señorío levantaron adoratorios a sus deidades, entre los que sobresalía Tonacayohua, que cuidaba la siembra, el pan y los alimentos.

En la cumbre, en una de las más altas sierras cercanas a Papantla, tenía su templo Tonacayohua, de cuyos ritos estaban encargadas seis jóvenes que hicieron votos de castidad de por vida.

En tiempos del rey Tenitztli, nació una niña bellísima a la que llamaron Tzacopntziza, que significa Lucero del Alba. Su padre la consagró al culto de la diosa para que ningún mortal se le acercara. Un joven príncipe, Zkatan-Oxga, el Joven Venado, se enamoró de ella, aunque sabía que poner sus ojos en la doncella era sacrilegio penado con la muerte. Un día en que Lucero del Alba salió del templo la raptó y huyó con ella.

De pronto se les apareció un monstruo que los envolvió con oleadas de fuego y los obligó a retroceder.  Al llegar al camino, los sacerdotes los mataron. En el lugar del sacrificio brotó un arbusto que rápidamente se cubrió de flores y todo el lugar se inundó de aromas.

Atraídos por tanto prodigio, los sacerdotes y el pueblo no dudaron que la sangre de los príncipes se había transformado en ese arbusto y en una orquídea. Y más se asombraron cuando las florecillas se convirtieron en largas y delgadas vainas que, al madurar, despedían un perfume muy penetrante, como si el alma inocente de Lucero del Alba se hubiera convertido en la fragancia más exquisita.

La orquídea fue objeto de culto, se le declaró planta sagrada y se elevó como ofrenda divina hasta los oratorios totonacas. Así, de la sangre de una princesa, nació la vainilla, que en totonaca es llamada “Caxixanat” – flor recóndita – y en azteca “Tlixochitl” – flor negra”.

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