Por Fernando Ottati
La nueva película de la saga de Star Wars, dirigida por Jon Favreau, lleva por primera vez a la gran pantalla la historia del Mandaloriano Din Djarin y su joven aprendiz Grogu. En esta producción, el célebre cazarrecompensas y el entrañable bebé verde de la misma especie que Yoda recorren la galaxia realizando misiones para la Nueva República, mientras se enfrentan a nuevos enemigos.
La película, titulada Star Wars: The Mandalorian and Grogu, presenta una marcada carga emocional centrada en la relación padre e hijo entre sus dos protagonistas principales. Acción constante, escasas dosis de humor y un importante despliegue visual en materia de efectos especiales son los pilares de una propuesta que, pese a pertenecer al universo Star Wars, poco tiene que ver con las clásicas películas concebidas por George Lucas. De hecho, la sensación predominante es la de estar viendo varios episodios de la serie de Disney+ unidos hasta alcanzar las 2 horas y 12 minutos de duración.

Jon Favreau, creador de la serie televisiva The Mandalorian, suma aquí un nuevo capítulo a una carrera que incluye títulos como Iron Man, Elf, The Jungle Book y Cowboys & Aliens. Además de dirigir, también escribió el guion que resulta excesivamente simple para las aspiraciones de una producción de esta magnitud.
El Mandaloriano, conocido como “Mando”, está obligado por su credo a mantener siempre el casco puesto, sin permitir que nadie vea su rostro. Esta característica beneficia considerablemente a Pedro Pascal, quien aparece sin el casco apenas unos minutos durante algunas secuencias de acción contra criaturas acuáticas. Durante buena parte del largometraje, el personaje es interpretado por dobles mientras la voz de Pascal continúa siendo el principal aporte del actor.

Otro de los nombres más destacados del reparto es Sigourney Weaver, quien interpreta a la coronel Ward, una oficial de la Nueva República encargada de reclutar al Mandaloriano para misiones especiales. Sin embargo, la actriz se encuentra totalmente desaprovechada. Su participación se limita a pocas escenas y cuenta con escaso diálogo, dejando la sensación de que su presencia podría haber aportado mucho más a la historia.
La trama encuentra a Din Djarin inmerso en nuevas misiones. La más importante lo lleva a involucrarse con los gemelos Hutt, quienes buscan a Rotta the Hutt, personaje vinculado a los conflictos criminales de la galaxia. La voz de Rotta corre por cuenta de Jeremy Allen White, ampliamente reconocido por su trabajo en la serie The Bear.
Por su parte, Grogu vuelve a cobrar vida gracias a una combinación de animatrónica y efectos visuales. Este personaje continúa sin pronunciar una sola palabra y se comunica únicamente mediante sonidos y gestos. Aun así, sigue despertando la ternura del público gracias a su expresividad y carisma. Sin embargo, el personaje se encuentra desaprovechado. En las primeras etapas de la serie demostraba habilidades extraordinarias por poseer la fuerza, aunque esas acciones solían agotarlo físicamente. Aquí utiliza muy poco su poder y, en consecuencia, pierde parte de aquello que lo hacía especialmente interesante. A pesar de ello, la relación entre Mando y Grogu continúa siendo el corazón emocional del relato y resulta recomendable haber visto las tres temporadas de la serie para comprender plenamente las motivaciones y las personalidades del Mandaloriano y de su diminuto aprendiz.

El principal problema de la película surge cuando intenta sostenerse únicamente con la acción. La trama es básica y poco ambiciosa. No hay grandes sorpresas, ni traiciones, ni giros argumentales capaces de generar tensión dramática. Paradójicamente, tanta acción acaba resultando monótona. Nunca se percibe que haya demasiado en juego, el suspenso es prácticamente inexistente y la historia avanza sin ofrecer elementos capaces de sorprender al espectador. Tampoco aparecen personajes conocidos que aporten peso o relevancia adicional a la trama como Boba Fett, Ahsoka, o otros mandalorianos. En esencia, la estructura se reduce a dos misiones: una breve donde nos presentan a los personajes principales y una segunda misión más extensa que ocupa el resto del filme.
A esto se suma un evidente abuso de criaturas y monstruos. En una de las secuencias más llamativas, desarrollada en una especie de coliseo, Rotta the Hutt y el Mandaloriano deben enfrentarse a diversos monstruos en una competencia de supervivencia. El problema es que la película insiste una y otra vez en el mismo recurso, incorporando constantemente nuevas criaturas como obstáculos narrativos. La repetición termina por desgastar el impacto de estas escenas y vuelve previsible gran parte del espectáculo.
Star Wars: The Mandalorian and Grogu entretiene de forma ocasional gracias a algunas secuencias bien realizadas y a su impecable factura visual, pero carece de la ambición narrativa necesaria para dejar una huella duradera. Eso sí, hay muchísimos guiños para los fanáticos de esta saga que reconocen detalles y nombres de criaturas y naves de este universo. Es una película que comienza y termina sin generar verdadera emoción y que, más allá de su espectacularidad, difícilmente logrará convencer incluso a los seguidores de la saga de La Guerra de las Galaxias. La recepción de la película refleja precisamente esa división entre espectáculo y narrativa ya que la película registra un 62% de aprobación por parte de la crítica especializada en Rotten Tomatoes, demostrando que “el camino así no es”.
Fotos de Nicola Goode / Lucasfilm Ltd.
