Por Fernando Ottati
Después de sufrir un accidente aéreo en las remotas tierras de Alaska, el oficial retirado de las Fuerzas Especiales, James Belmont, interpretado por Brad Pitt (Fight Club), queda varado en medio de la naturaleza junto a Odín, su perro de combate y antiguo compañero de servicio. Heridos, aislados y sin ayuda, salvo un mapa y una brújula, ambos deberán enfrentarse al frío, al terreno implacable y a los animales salvajes que habitan el área para intentar sobrevivir. Esta es la premisa de Heart of the Beast.
Durante los primeros minutos de la película, James se encuentra con un viejo minero, interpretado por J.K. Simmons (Spider-Man), cerca de un lago. Mientras comparten unas cervezas, el hombre le explica que ese territorio es conocido como “Heart of the Beast”, el corazón de la bestia. La escena funciona también como una suerte de presentación del protagonista: James le explica que él y su perro estuvieron en la guerra y que ambos ya están retirados. Incluso descubrimos que Odín tiene una prótesis en una de sus patas y dientes de titanio.

Es evidente que la presencia de Simmons cumple una función principalmente narrativa: permitir que James dialogue con alguien y que el espectador conozca parte de su historia, porque, de ahí en adelante, prácticamente no volverá a tener con quién conversar. Sus únicos intercambios serán breves órdenes dirigidas a Odín, mientras la película deja que la relación entre ambos se exprese, sobre todo, a través de las miradas, los gestos y las acciones.
Y ahí está precisamente uno de los mayores aciertos de Heart of the Beast: la relación entre el hombre y su perro. Odín no es simplemente un acompañante dentro de la historia; es un personaje más. Este perro de combate también ha sufrido las consecuencias de la guerra y tiene pesadillas, algo que James comprende, ante lo que responde con afecto y paciencia. La película encuentra en esos pequeños momentos una manera de mostrar el gran vínculo entre ambos, ya que James lo conoce desde cachorro. Además de contarnos algo sobre la guerra veremos a lo largo de la película pequeños flashbacks de algunas situaciones que les tocó vivir a ambos cuando estuvieron en esas zonas de conflicto extremo, con explosiones y bajo fuego enemigo.

Dirigida por David Ayer (Suicide Squad), quien ya había trabajado con Brad Pitt en Fury, esta película presenta una historia muy simple de supervivencia, con una trama contenida y apenas tres personajes, además de Odín, quien para la película fue interpretado por cuatro perros. Con un reparto reducido, la cinta deposita buena parte de su narrativa en el paisaje, la acción y, sobre todo, en la relación entre el hombre y su compañero de cuatro patas.
Lo más importante de esta película es precisamente la relación entre James y Odín. Ese es el verdadero corazón de la historia: ver cómo se relacionan, cómo se entienden y cómo el perro transmite sentimientos de inteligencia, protección, lealtad y una enorme conexión con James, hasta el punto de salvarle la vida, como ya se puede apreciar en los avances.

Hay que comprender que el perro tiene prácticamente tanto tiempo en pantalla como Brad Pitt, y no estamos hablando de un perro pequeño, sino de un ovejero alemán de gran tamaño. La película apuesta mucho por su presencia física y por la conexión que establece con Pitt, algo que funciona porque la relación entre ambos se construye desde las acciones y no desde las palabras.
Durante la película existe un objetivo principal: llegar a la civilización. Sin embargo, para conseguirlo tendrán que superar muchísimos obstáculos en ese territorio salvaje. Alaska se convierte también en una parte fundamental de la película gracias a sus paisajes: bosques, lagos, montañas nevadas y rápidos ríos que funcionan casi como otro personaje dentro de la historia. Aunque buena parte de la película tuvo lugar en Nueva Zelanda, la geografía consigue transmitir esa sensación de aislamiento y hostilidad que necesita el relato.
En ese sentido, la película tiene una historia realmente simple que apela a las habilidades actorales de Pitt y a la presencia de su fiel compañero. Pitt no se muestra como un soldado implacable y marcado a fuego por la guerra y sus traumas, sino como alguien alerta, hábil, inteligente, reservado e ingenioso. Es un personaje que sabe reaccionar ante las circunstancias y utilizar los pocos recursos que tiene a su disposición.

Lo que comienza como un viaje relativamente sencillo hasta encontrar la civilización, poco a poco se convierte en una pesadilla debido a los peligros que enfrentan. La naturaleza deja de ser solamente el escenario para convertirse en el principal antagonista: el frío, las montañas, los ríos, los animales salvajes, el agotamiento y sus heridas, van poniendo a prueba tanto a James como a Odín.
La película dura una hora y 41 minutos y, en ningún momento decae. Es una buena historia de supervivencia, aunque un tanto simple, pero con una relación emocional entre hombre y animal muy concreta. Su apuesta está en observar cómo dos veteranos de guerra, dependen el uno del otro para sobrevivir en medio de los paisajes imponentes y hostiles de Alaska.
Fotos cortesía de Paramount Pictures
