Por Fernando Ottati
Project Hail Mary es una película de ciencia ficción filmada especialmente para ser disfrutada en el formato IMAX, con una duración de 2 horas y 36 minutos, protagonizada por Ryan Gosling. Su personaje, Ryland Grace, es un maestro de ciencias con un doctorado en biología molecular que es convocado para enfrentar una crisis sin precedentes: unas partículas llamadas Astrophage están consumiendo la energía del Sol, lo que provocaría una era de hielo en aproximadamente 30 años, y en solamente 3 años comenzarían a sentirse los efectos adversos.
En medio de la desesperación, los científicos descubren que una estrella muy lejana, Tau Ceti, no está siendo afectada por este fenómeno. La solución es extrema: enviar una nave, sin posibilidad de viaje de regreso, para investigar la causa y comunicarle la razón a la Tierra. La comandante alemana encargada de la misión, Eva, interpretada por Sandra Hüller, propone que Grace forme parte de la misión, junto a dos astronautas. El título de la película proviene del nombre del proyecto espacial, Hail Mary, una expresión en inglés que alude a un intento desesperado en busca de un milagro. Precisamente, el personaje interpretado por Gosling hace referencia a este significado, reconociendo la enorme importancia y el carácter crucial del proyecto.

La película comienza con Grace despertando en el espacio, tras un largo viaje en animación suspendida. Para su desgracia, sus compañeros de tripulación han muerto, lo que lo convierte en la única esperanza de la humanidad. No es astronauta ni piloto, como él mismo reconoce con humor: “ni siquiera sé hacer el moonwalk”; él es solo un civil brillante enfrentado a una enorme responsabilidad .
Dirigida por Phil Lord y Chris Miller, la película se estructura en dos líneas temporales: el presente, con Grace en la nave, y una serie de fragmentos que nos cuentan cómo fue reclutado para esta misión. Este recurso permite profundizar en la personalidad del protagonista y entender mejor sus motivaciones.

El largometraje está basado en la novela Project Hail Mary, escrita por Andy Weir, el mismo autor del libro The Martian, que luego se convirtiera en una exitosa película protagonizada por Matt Damon. Las similitudes entre las dos películas son evidentes: un protagonista ingenioso, aislado y enfrentado a problemas extremos, aunque aquí, en este filme, la acción transcurre en una nave espacial.
Durante su travesía, Grace se encuentra con un ser extraterrestre al que llama Rocky (con la voz de James Ortiz), una criatura con apariencia rocosa capaz de comunicarse con él. Ambos comparten un objetivo común: salvar sus respectivos mundos. Esta relación aporta momentos de humanidad, humor y curiosidad dentro del relato.

A medida que Grace comparte con Rocky información sobre la Tierra, el espectador se adentra más en su personalidad, lo que facilita empatizar con su misión. Sin embargo, la película se resiente por su duración: un recorte habría beneficiado el ritmo general. También se sugieren posibles matices de una relación amorosa entre Grace y Eva, la cual nunca termina de desarrollarse, lo que hubiera resultado muy interesante por la diferencia de edades entre ambos personajes.
Aunque la película entretiene, no termina de cumplir todas las expectativas. No es una aventura tradicional, sino más bien un drama de ciencia ficción con leves toques de humor y una fuerte carga emocional. El destino de la humanidad está en juego, pero el guion lleva al personaje a resolver situaciones complejas con una facilidad que puede resultar poco creíble: desde aprender a usar un traje espacial leyendo brevemente un manual, hasta pilotear la nave con total solvencia, aunque varias veces repite y grita que no es piloto.
Un elemento llamativo es su banda sonora, que incluye momentos inesperados como la voz de la cantante argentina Mercedes Sosa interpretando el tema “Gracias a la vida”, y hasta se escucha el tango “El amanecer” del también argentino Roberto Firpo. Resulta curioso y sorprendente escuchar el sonido de un bandoneón, en la infinidad del espacio, en una superproducción de Hollywood.
En definitiva, Project Hail Mary es una propuesta entretenida dentro del género, con buenas ideas y una buena interpretación de Gosling, pero que está lejos de ser memorable, debido a que su personaje oscila entre la comedia involuntaria y una falta de profundidad que desentona con la trama. La película funciona sin llegar a deslumbrar, pero varios elementos terminan jugando en su contra: una duración excesiva, un tono por momentos demasiado denso y ciertas licencias narrativas difíciles de pasar por alto. Entre ellas, destaca la facilidad con la que el protagonista, sin ningún tipo de entrenamiento previo, acaba convertido en astronauta y piloto. Resulta interesante el recurso narrativo de las dos líneas temporales, que obliga al espectador a reconstruir la historia a partir del presente y los fragmentos del pasado. Esa estructura encuentra su mayor acierto en un dato clave que se revela recién al final, y que termina aportando sentido a varias decisiones del protagonista y cerrando la historia con mayor claridad.
Fotos cortesía de Amazon MGM.
