Por Fernando Ottati

Cuarenta y tres años después del estreno de Tron, la película visionaria que abrió las puertas al universo digital con efectos visuales avanzados a su tiempo, llega Tron: Ares, la tercera entrega de la saga. Tron: Legacy renovó el concepto en el 2010 acompañado por la música de Daft Punk, y esta nueva cinta dirigida por el noruego Joachim Ronning (Piratas del Caribe 5) lleva la historia hacia otro nivel, trasladando la guerra al terreno de la inteligencia artificial.

En Tron: Ares, dos corporaciones tecnológicas rivales, ENCOM y Dillinger Systems, compiten en una carrera por dominar el futuro de la inteligencia artificial. Evan Peters interpreta al ambicioso Dillinger, bajo la supervisión de su madre, encarnada por Gillian Anderson. Su empresa tiene la capacidad de traer del mundo de Tron supersoldados digitales que pueden morir, pero también pueden crearse otros al instante. Cuando Dillinger descubre que la encargada de ENCOM, Eve Kim, interpretada por Greta Lee, posee un código capaz de extender la vida de estas creaciones digitales, envía a sus dos guerreros, Ares y Athena, interpretados por Jared Leto y por Jodie Turner, para robarlo. Mientras Ares persigue a Eve y es obligado a matarla, este programa de inteligencia artificial comienza a tener dudas y cuestionar sus órdenes, inclusive su propia existencia, a tal punto que luego termina rebelándose contra su creador. Athena, en cambio, representa la obediencia absoluta, una máquina que no duda y que es implacable.

El universo visual de la película Tron: Legacy estaba dominado por los tonos azules y fríos. En cambio en Tron: Ares predominan los colores rojos intensos y saturados, la combinación de rojo y negro está en los trajes de los programas digitales y también en su universo, lo que crea una atmósfera un tanto agresiva. La banda sonora de Nine Inch Nails se escucha durante toda esta cinta, pero también hay una breve referencia a la famosa canción del grupo Depeche Mode titulada “Just Can’t Get Enough,” que es mencionada en una escena por el personaje de Ares y se llegan a escuchar algunos de sus acordes.

La gran novedad de esta entrega, a diferencia de las dos anteriores donde los humanos podían ingresar al mundo digital, es que ahora los programas digitales pueden venir al mundo real, y además tienen la capacidad de traer con ellos sus gigantescas naves. Esa dualidad se aprovecha con un despliegue visual impresionante, especialmente en las secuencias de acción y en las clásicas persecuciones con las motos dejando una estela luminosa a su camino, marca registrada de la saga, pero ahora mejoradas ampliamente por la tecnología del cine actual. Las escenas de persecuciones con las motos futurísticas de Tron: Ares son, sin lugar a dudas, lo mejor de la película.

El argumento es demasiado simple, pero sirve para plantear preguntas sobre el papel de la inteligencia artificial y los límites entre lo humano y lo cibernético. Jared Leto, quien reconoce ser fanático de la franquicia, ofrece una interpretación precisa: Ares es interpretado al inicio de la cinta con una frialdad mecánica y robótica, algo que lo demuestra en su rostro, pero poco a poco se nota que su personaje comienza a humarizarse y sus expresiones cobran vida. En contraste, Athena se mantiene rígida, obediente y sin temor a nada para cumplir su misión que es conseguir el código y en el proceso aniquilar a Eve y a su nuevo protector Ares. La breve aparición de Gillian Anderson resulta llamativa, porque es una actriz de renombre que resulta algo desaprovechada en la película. Jeff Bridges también tiene un papel menor, pero su presencia se siente significativa. Es el vínculo con la esencia original de la saga de Tron y es el único actor que apareció en las tres entregas.

La cinta en un momento rinde homenaje al universo de la primera Tron de 1982, recuperando ese mundo de líneas blancas paralelas y geometrías precisas que definieron su identidad visual. Ahora, gracias a la tecnología actual, esos escenarios se recrean con un nivel de detalle y realismo impresionante, lo que añade un componente de nostalgia que conecta directamente con la esencia de la película original. Fue Jared Leto quien propuso incorporar ese mundo de 1982. Además de actuar, trabajó como productor y tuvo libertad creativa para aportar sus ideas.

Esta es una película entretenida con muchísimas escenas de acción y persecuciones, por aire, mar y tierra (en el mundo real y el digital), muy recomendable para ver en formato IMAX, ya que la cinta fue filmada con esta tecnología. El sonido envolvente y la música continua contribuyen a vivir la película de una manera inmersiva.

Lamentablemente, Tron: Ares no logró conquistar al público. Con un presupuesto de 180 millones de dólares, apenas recaudó 33 millones en su primer fin de semana de estreno en Estados Unidos. Tampoco funcionó a nivel internacional y quizá se deba a su calificación de 53% de aprobación en Rotten Tomatoes. La película no pudo capitalizar en taquilla la nostalgia de los años 80, ya que no existe una base de fanáticos sólida para consolidar esta franquicia que sigue preguntándose qué significa ser humano en un mundo gobernado por la inteligencia artificial.

Imágenes cortesia de Disney.