A defender el invicto olímpico de Uruguay

Por el Profesor Jorge Ottati

- Pedro Cea fue un excepcional jugador de fútbol a lo largo de su gran carrera deportiva, pero por encima de todo, una gran persona. Pasaba la pelota como ninguno, y además, conquistaba goles en los momentos más importantes; esto le valió el apodo de “el empatador olímpico”. Fue el único jugador celeste que participó de todos los partidos junto a una gran generación de futbolistas que lo ganó todo: dos Campeonatos Olímpicos (en 1924 en París y en 1928 en Ámsterdam), coronado por la obtención de la primera Copa del Mundo disputada en Montevideo, en 1930.

Tuve el enorme privilegio de conocerlo cuando yo todavía era un niño - muchísimo tiempo después de haberse retirado como jugador-  en la casa de veraneo que tenía junto a sus inseparables hermanas en el balneario ‘La Floresta’, en Canelones. “El Vasco”, como cariñosamente todos le llamaban, pasaba tardes enteras en el jardín de su casa, siempre rodeado de amigos que compartían las ricas charlas de este gran ser humano que con su sonrisa bonachona y su hablar pausado cautivaba siempre a su auditorio. 

Antes del comienzo de la Copa América de 1923, disputada en Montevideo, un gran dirigente uruguayo, el Dr. Atilio Narancio, les realizó un desafío: “Si salen campeones, nos vamos a los Juegos Olímpicos de París”. Uruguay cumplió al ganarle a Paraguay 2 a 0, a Brasil 2 a 1 y en la final a Argentina por 2 a 0 donde se consagró campeón.

Y así viajó a Europa por primera vez una selección uruguaya de fútbol, en la tercera clase del barco Desirade, habiendo partido el 16 de marzo de 1924 para llegar al puerto de Vigo el día 7 de abril. Después de haber jugado 9 partidos amistosos y haberlos ganado todos, la delegación llega finalmente a París para participar de los Octavos Juegos Olímpicos de la época moderna, los últimos presididos por Pierre de Coubertin.

“Fuimos los precursores de la viveza criolla” -me decía ‘el Vasco’- con esa gracia con la que contaba sus relatos y con una  inmensa sonrisa que siempre tenía a flor de labios, ” porque cuando llegamos a Colombes a disputar los Juegos pocos nos conocían. El 16 de mayo, ante poco público, les dimos una gran paliza a Yugoslavia al ganarles por 7 a 0; luego nos tocó frente a Estados Unidos, al que vencimos por 3 a 0, ahora con una gran cantidad de público que quería ver a los “fenómenos” de América. Después vencimos a Francia y llegamos a la semifinal con Holanda; íbamos perdiendo 1 a 0 y a mí me tocó empatar el partido y de penal, Héctor Scarone hizo el gol del triunfo.”

El 9 de junio se jugó la gran final en el Estadio de Colombes. Uruguay, ante 60 mil personas, ganó por 3 a 0 y una vez finalizado el partido, luego de escuchar el himno y ver flamear la bandera en lo más alto del mástil, los futbolistas celestes recorrieron la pista de atletismo para agradecer los aplausos, hecho que significó el origen de la clásica vuelta olímpica, ritual que, a partir de ese momento, imitarían todos los campeones. 

En 1928, cuatro años más tarde sería Holanda en la ciudad de Ámsterdam quien organizaría los IX Juegos Olímpicos. Uruguay llevó muchos futbolistas de los que habían participado en París donde obtuvieron la primera Medalla de Oro. En ese entonces ya había comenzado una gran rivalidad en el Río de la Plata entre las dos grandes escuadras sudamericanas.  Argentina en su camino venció a Estados Unidos, Bélgica y Egipto con suma facilidad, mientras que Uruguay tuvo mayores dificultades para vencer a Holanda, Alemania e Italia, grandes rivales. Y así llegaron a la gran final uruguayos y argentinos. El primer encuentro se jugó el 10 de junio e igualaron 1 a 1 con goles de Petrone y Ferreyra. Se tuvo que jugar un suplementario de 30 minutos en la que el tanteador se mantuvo y debió recurrirse a un nuevo encuentro tres días más tarde. El 13 de junio se enfrentaron los dos rivales con la decisión de que si no había un ganador el sorteo definiría el título.

En el Estadio Olímpico, con cuarenta mil personas, Uruguay abrió la cuenta por intermedio de Figueroa, pero Monti empató antes de finalizar el primer tiempo. Sobre los veinte minutos del complemento llegó el gol de la victoria celeste convertido por Scarone. Por segunda vez -y en condición de invicto- Uruguay logró su segunda presea de oro.

Hace unos días, en el Sudamericano Sub 20 en Perú, un grupo de jóvenes dirigidos por el Ingeniero Juan Verzeri, logró clasificar por tercera vez en la historia a una delegación uruguaya a los Juegos Olímpicos (que en el 2012 serán en Londres) luego de 83 años de espera. El gol de Matías Vecino fue la llave que abrió el partido ante Argentina para ganar por 1 a 0 y entrar en la historia grande. Esta victoria les permitió liderar con 10 puntos el hexagonal final, a la espera del partido ante Brasil para buscar el título.

La última vez que Uruguay fue campeón sudamericano juvenil había sido en Ecuador, en 1981. Y después de 30 años, nuevamente se les negó el título al perder por 6 a 0 ante un equipo brasileño que fue una aplanadora. Un resultado muy abultado para Uruguay que merecía otro final y que por su buen comportamiento se llevó el trofeo “Fair Play”. Ahora les espera Londres 2012. ¡A cumplir con la celeste!